Sembrando Agua, Dignidad y Cambio: Evaluación Final del Proyecto en Chicualacuala
Publicado el 15 de julio de 2026
En el semiárido distrito de Chicualacuala, al sur de Mozambique, la combinación de sequías estacionales y repentinas inundaciones ha condicionado históricamente la vida de sus habitantes. La evaluación final externa del proyecto impulsado por CIC Batá y ADCR demuestra que es posible generar una transformación sostenible e integral, donde los logros técnicos en producción agrícola se dan la mano con un profundo cambio social en materia de equidad de género.
El proyecto «Fortalecer y diversificar medios de vida sostenibles de cinco comunidades del distrito de Chicualacuala», financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y ejecutado entre enero de 2024 y febrero de 2026, contó con una valoración de impacto categorizada como muy alta. Interviniendo en las comunidades de Chihondzoene, Mabuzane, Tchale A, Tchale B y 3 de Fevereiro, la iniciativa alcanzó a más de 1.200 titulares de derechos mediante un enfoque multisectorial en el que sus distintas componentes se reforzaron mutuamente.
1. Producción Agropecuaria
El proyecto fortaleció la producción, disponibilidad y acceso a alimentos de algo valor nutritivo bajo un modelo de producción agroecológico adaptado al cambio climático. El acceso al agua para riego garantizado mediante la construcción de pozos manuales y la dotación de motobombas ha contribuido a transformar la capacidad productiva de las asociaciones campesinas (integradas en un 79% por mujeres). Los resultados cuantitativos superaron ampliamente los objetivos marcados:
Paralelamente, las capacitaciones en técnicas de nutrición, procesamiento y conservación de alimentos (elaboración de conservas, mermeladas y harinas enriquecidas) permitieron diversificar la dieta de los hogares y reducir la vulnerabilidad alimentaria.
«Pensaba que la lechuga no se comía porque no se cocinaba, pero ahora ya sé que se puede comer fresca y saludable.»

2. Autonomía Económica y Fortalecimiento Asociativo
La comercialización de los excedentes hortícolas, combinada con la implantación de grupos comunitarios de ahorro y crédito, supuso un incremento sustancial de los ingresos familiares. Estos recursos han sido destinados tanto al bienestar del hogar (educación, salud) como a inversiones productivas adicionales (compra de ganado, alquiler de maquinaria).
A nivel institucional y organizativo, el mayor logro fue la legalización completa de las cinco asociaciones mediante la publicación de sus estatutos en el Boletim da República. Esta formalización otorga a las campesinas personalidad jurídica propia, capacitándolas para abrir cuentas bancarias, solicitar créditos financieros y ser elegibles en programas estatales de apoyo.

3. Corresponsabilidad en el Hogar y Lucha contra la Violencia
El combate a la violencia estructural contra las mujeres y niñas constituyó una prioridad transversal. A través de los Comités Comunitarios de Protección de la Mujer y la Infancia (CCPMI), los clubes de niñas en las escuelas y las actividades de sensibilización, se impulsó un diálogo directo que logró transformar comportamientos profundamente arraigados:
«Antes, cuando íbamos al campo, la mujer cargaba todo el camino con el bebé a la espalda, un haz de leña en la cabeza y la azada en la mano. Ahora el hombre también ayuda y carga cosas... Cuando mi esposa está enferma, puedo ir a buscar agua, cocinar para el niño y prepararle la comida.»
La concienciación sobre las leyes nacionales contra la violencia doméstica e infantil condujo a una reducción drástica de agresiones y al freno de matrimonios prematuros o uniones forzosas:
«Ya no se pega en casa. Los hombres temen ser denunciados y arrestados. Algunas personas, al ver pasar al comité de protección, ya dicen que hay un problema que resolver con diálogo.»
«Nos cuesta aceptar esto porque fuimos educados sabiendo que los hombres estaban por encima. Pero el gobierno y el proyecto defienden la igualdad, y vemos que las cosas en el hogar han mejorado para todos.»
A estos avances se suma el impulso de la alfabetización de adultas y los grupos comunitarios de ahorro, que han permitido a decenas de mujeres sentir el orgullo de aprender a firmar con su nombre, gestionar sus finanzas y solicitar pequeños créditos para emprender pequeños negocios rurales.
Aunque la evaluación destaca retos para el futuro, la mayor lección que deja el proyecto en Chiquiacuala es que la transformación social es sostenible cuando nace de la propia voz y del trabajo conjunto de la comunidad.