La resiliencia de las comunidades se ha incrementado significativamente, al lograr aumentar la disponibilidad y acceso a alimentos gracias a la utilización de semillas locales (mejor adaptadas a las condiciones climáticas de la zona) y la producción de patata en la zona baja. La dieta ha mejorado, tanto en cantidad como en calidad, se han incrementado los ingresos familiares con la venta de los excedentes y se ha reducido el período en que experimentan dificultades para acceder a alimentos suficientes.
La alimentación es una condición esencial para la vida y por tanto constituye un derecho inalienable de todos los pueblos expresado en el derecho humano a la alimentación, reconocido por la Declaración Universal de Derechos Humanos, por el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) y por muchas otras declaraciones internacionales. Las personas hambrientas, desnutridas o con deficiencias nutricionales son más vulnerables a las enfermedades.
La desnutrición crónica constituye un problema de salud pública en Mozambique e impide el desarrollo humano del país. En la zona de intervención, la agricultura familiar de subsistencia es la principal fuente de acceso y disponibilidad de alimentos para las familias. Los sistemas agrícolas eran muy frágiles, en sui mayoría con poco desarrollo tecnológico, sin sistemas de riego, con una producción muy baja y poco diversificada, no orientada a la nutrición y muy dependiente de factores climáticos externos.
Se considera que las personas tienen medios de vida sustentables cuando son capaces de hacer frente a las situaciones adversas y superarlas, preservando sus recursos y capacidades sin que ello vaya en detrimento del entorno natural.
Contexto. Las comunidades de Tinguipaya, reflejan la cara más dura de la pobreza en el país. IDH bajo (0,516). Un 79.7% de pobreza. Altamente vulnerable en la producción de alimentos; el 10% de suelos aptos para la agricultura; factores climáticos extremos; malas condiciones crianza de animales. Contaminación por minería. Alta inseguridad alimentaria. 75% malnutrición infantil. Esperanza de vida, 56 años. Educación, sin recursos. Alto nivel de abandono escolar. Altos niveles de violencia de género y feminicidios.
La intervención ha conseguido incrementar la capacidad de adaptación al cambio climático de la población de las 14 comunidades, desarrollando para ello las tres líneas de trabajo planteadas en la formulación.